Te espero, en el lugar donde los sueños pueden dejar de serlo.
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miércoles, 11 de septiembre de 2019

¿Cuánto amor cabe en el pecho?


¿Cuanto amor cabe en el pecho?
Era una pregunta que, a veces, solía hacerme a mí misma. Creía en el amor eterno, pero más tarde creí en lo infinito.
No creía en la magia, pero más tarde creí en el destino.
No creía en obtener lo imposible, pero más tarde supe que lo imposible no existe si derrumbamos las barreras entre la realidad y los sueños.

Estaba tumbada, con la mirada contemplando el infinito del horizonte cuando, un bello sonido que parecía provenir del más remoto de los lugares, me alertó sobresaltándome, pues hacía muchísimo tiempo que no disfrutaba de aquella hermosa melodía que tanto anhelaba. Nada había alrededor, parecía provenir de mi interior manifestándose como un desbocado aullido que se perdió en la inmensidad de la noche. Me asomé a la puerta de mi corazón que, locamente enamorado, parecía estar aullando versos. Me sumerjo en la densidad del silencio para escuchar su voz y los latidos que conformaban su canción, cantaban tu nombre.



Tal vez, la mitad de la belleza de un paisaje depende de los ojos que lo miran y, la otra mitad, de la compañía. 
Porque, cada paisaje, al igual que uno mismo, contiene su historia: la que leemos, la que vemos y aquella con la que soñamos.

lunes, 20 de mayo de 2019

Soñé un sueño.

¡Buenas noches, mundo!
Antes que nada, debo explicar el motivo de mi larga ausencia. No he abandonado este blog, pero no tenía tiempo para él. Ni siquiera mi mente podría centrarse en escribir. Pero he vuelto, y aquí esta el motivo de mi desaparición.


ELLA.

Recuerdo que muchas veces soñaba con una niña que, tiernamente y con su pequeña mano, tomaba la mía y veíamos las olas de una playa. A nuestra izquierda se encontraba un hombre: el ángel que llegó a mi vida para llenarla de luz. Nos sentábamos en una enorme piedra y los tres, tomados de la mano, contemplábamos el hermoso paisaje. Nunca veía su rostro, era como soñar un sueño que parecía ser muy lejano. En mis repetidos sueños la veía con un vestido blanco y sabía que era una niña. Las risas flotaban en el aire y el sonido de su risa me resultaba eléctrico, maravilloso. Me atravesaba de arriba a abajo como un rayo, removiendo todo mi interior, revolviendo cada uno de mis sentidos. Mi voz pronunciaba su nombre: Noa. ¡Qué bonito nombre...!
Despertaba en este mundo y deseaba que volviera a llegar la hora de los sueños, pues solo en ellos y en mis pensamientos era donde podía tenerte.
Creía que aquello era utópico, pues aunque sí veía la cara de aquel hombre, ni siquiera era mi pareja. Pero el destino jugó a nuestro favor, uniendo nuestros caminos, al igual que escribía en mis escritos y en mis libros. Aquel ángel y yo acabamos juntos. Las escenas de mis escritos se reproducían en tiempo real, haciéndome dudar de su veracidad. Entonces creí en la magia. Y supe también que solo quienes creen verdaderamente en su existencia, estarán destinados a encontrarla.
Un tiempo después, en agosto del 2018, descubrí la que sería la mejor sorpresa de mi vida: descubrí que iba a ser madre. Ser mamá era uno de los sueños que tenía junto a ese ángel. Poco después volví a creer en nuestra magia: era una niña. Era mi soñada Noa. Mi corazón latía frenético ante aquel sueño. Y hace poco, muy poco, he conocido a mi amor eterno.
Y... ¿Sabes?
He contemplado un anochecer en las orillas de la playa.
He contemplado una lluvia de perseidas en plena noche tumbada en una cálida arena.
He escuchado preciosa música, canciones de esas que te hacen ronronear el corazón y vibrar el alma.
He visto hermosos lugares.
He leído fantásticas historias.
Pero nada de ello se puede comparar a tu llegada. Has cambiado mi mundo por completo, ya no necesito soñarte, pues cuando se acerca la noche, me encanta acurrucarme a tu lado para sentir tu respiración sobre mi pecho, sobre mi corazón, y prometerte que estaré ahí siempre, para amarte y protegerte.
Buenas noches princesa, feliz cumple mes. Gracias por haber llegado a nuestra vida haciendo realidad nuestro sueño. Gracias por este mes lleno de magia, lleno de vida, lleno de tu nombre.

Te amo, Noa💗

"La verdadera magia no se encuentra en los trucos de un mago, habita en cualquier gesto cotidiano: en una sonrisa, en una mirada, en el sonido de una risa. 
Pero solo quienes creen en su existencia, estarán destinados a encontrarla" 


viernes, 21 de diciembre de 2018

Deseos.

¡Buenas de nuevo!
Hoy no vengo con ningún texto de los míos, más bien para informar de algunas novedades.
Odio estar ausente en el mundo blogger, pero la anterior entrada que publiqué es totalmente cierta: ¡voy a ser mamá! Es uno de los motivos fundamentales que me ha hecho ausentarme un poco de estos lares. La bendición nos pilló por sorpresa y teníamos que preparar muchas cositas. Por cierto, es una nena y se llamará Noa 😍🌹💝
Por otro lado, había mucha gente y librerías de confianza que me pedían Mysterium III, así que he aprovechado ahora que todavía me encuentro bien y que no puedo trabajar  para ponerme a ello y terminar mi trilogía autopublicada, cerrando así esa etapa.
Esta es la portada y... ¡Espero que os guste tanto como a mí!
Volveré por aquí muy pronto retomando mis relatos. 
Y ahora, sólo me queda desearos a todos unas muy felices fiestas, espero que las disfrutéis junto a vuestros seres queridos y os impregnéis de su magia.
¡Un abrazo muy grande para todos!  

viernes, 9 de noviembre de 2018

Cinco minutos.


A veces, el tiempo es efímero. A veces, eterno. Unas veces transcurre tan rápido como un trueno en el cielo. Y otras veces tan lento, que parece no existir ese concepto. Son minutos que jamás volverán, minutos que se esfuman como se esfuma el viento.
Cinco minutos. Cinco minutos es lo único que pediría en días como estos. Cinco minutos, de esos que deseas que sean eternos, que se detenga el tiempo por un momento. Abriría la puerta del cielo, esa que me conduciría a tu lugar de descanso eterno. Te contaría cada una de las cosas bonitas que la vida me está regalando sin estar a mi lado físicamente para verlo.
Y entonces, vería tu sonrisa, esa que, a pesar de los años, el tiempo no ha borrado. Escucharía el maravilloso sonido de tu risa, escucharía la melodía de tu voz, me sumergiría en la oscuridad de tu mirada, en la calidez de tu presencia, me perdería en la tibieza de tu abrazo. Esos cinco minutos me harían inmensamente feliz, aunque tras ello, tendría que dejarte ir.
Más tarde abriría los ojos y habría vuelto aquí, al lugar donde solo en sueños te tengo junto a mí,, pero llevándome conmigo tu recuerdo.
Y al llegar la noche, tus alas se abrirían paso y volvería a verte, en el lugar donde siempre te veo, en el lugar donde los sueños pueden dejar de serlo. Y entonces te lo diría, te diría que aunque la vida fue cruel y te apartó de mi lado, una nueva vida está engendrando dentro de mí, una vida cuya sangre tuya correrá por sus venas. Un corazón que ya late en mi interior y entonces solo unas palabras más fulminarían el momento en que te diga: papá, aunque estés allá en lo lejos, vas a ser abuelo.
El sol saldría tras la lluvia y, entonces sabría que allá en lo alto, allá a lo lejos, estarías sonriendo💗

martes, 10 de julio de 2018

Abriendo puertas.

¡Buenos días, mundo! Hoy de noticias va la cosa. No sé ni cómo empezar.
Hace poco os dejé un pequeño fragmento de "El origen del mal", manuscrito en el que estoy trabajando con toda mi ilusión. Empecé a contactar con editoriales y a enviar los primeros capítulos, de modo que, si con el principio no les engancha, lo desechan. Sinceramente, viendo cómo va el mundo, no esperaba ni siquiera una respuesta, y mucho menos que fuera satisfactoria. Y mucho menos de una buena editorial, ya que creía no estar a la altura de sus libros. Cual es mi sorpresa cuando... ¡me escribe una editorial tan buena como Penguin Ramdom House! Y no sólo eso, sino que además, adjuntaron una especie de escrito oficial en el que me informan de que ya se procede a estudiar seriamente la publicación. Lo que significa que ahora se consulta con unos asesores y se estudia la propuesta que podrían o no hacerme.
Sí señores, ¡se ha abierto una puerta! Ahora hay que trabajar muy duro para terminar el manuscrito, poder hacer que salga a la luz y poder entrar definitivamente por esa puerta.
Mi felicidad ahora mismo es incalculable. Y no me olvidaré de vuestros comentarios, de vuestros ánimos y vuestras opiniones en cada relato aquí publicado.
¿Sabéis? He descubierto que lo imposible realmente no existe. Nosotros somos quiénes, a veces, nos imponemos unas barreras y debemos saber que, para cumplir nuestros sueños, debemos destruir esas barreras que nos impiden volar y alcanzarlos.
No dudéis jamás de vuestra valía. No dudéis jamás de que los sueños están para cumplirlos. Ojalá el mío siga adelante hasta cumplirse.

Pronto volveré con otro fragmento.
¡Hasta la próxima!

miércoles, 4 de julio de 2018

Mi canción.



Desperté.
La magia se había ido, el mundo había oscurecido, persistía aquel dolor en mi pecho, la agonía instalada en mi garganta y la tormenta perforándome con su veneno. Mi canción estaba rota, en miles de pedazos por el suelo.
Me encontraba a punto de enfrentarme a uno de mis miedos, a punto de enfrentarme a mí misma. Alcé la mirada y ambas nos miramos: mi reflejo y yo. No parecía ser yo y en mi rostro se reflejó una expresión de asombro y de temor.
Enfrente de mí no estaba yo.
Enfrente de mí había un cadáver con un corazón muerto aunque latiendo.
Aquel espectro tenía que luchar.
¡Aquel espectro tenía que brillar de nuevo!

Pero tenía miedo.
Miedo al mundo, a los cambios, a lo desconocido. Temía, porque no sabía que, allá afuera, había un mundo esperándome.
Temía aquello que pudiera encontrarme al abrir la puerta. Pero todo llega, y llegó mi día. Abrí la puerta, no sin temor, con el alma temblorosa, con el sonido de mi corazón desacompasado, bailando frenéticamente en el interior de mi pecho.
Y entonces lo vi... ¡Había más mundo! Un mundo que deseaba conocer, un mundo que florecía ante mis pies. Cerré los ojos y respiré profundamente inhalando un aire que se me antojaba diferente. Mis alas ya no estaban encadenadas a mi martirio, pero aun estaban marchitadas después de tanto tiempo sin volar. ¡Era libre! Había abandonado todo aquello que me anudaba y me hacía tanto daño. Y mi alma lo sabía, porque sentía a mi corazón, que seguía bailando, feliz, en mi pecho.
Y comprendí tantas cosas...
Comprendí que el mundo continúa. Que la noche y los sueños siempre llegan, que por muy larga que sea la noche, la mañana siempre llega.
Comprendí que por muy negro que veas el cielo, las estrellas siempre están ahí arriba, que el arcoiris siempre sale tras la lluvia y que no hay peor tormenta que la que se desata en el alma.
Y entonces exploré descubriendo cosas que olvidé que existían: la vida misma y su magia. Una magia que creía fantasía, de historias de hadas.
Y de pronto la tuve frente a mí invitándome a seguirla como un bello y mágico canto de sirena. Me sumergí en ella, me perdí en aquella melodía, en aquel aroma que emanaba y que hipnotizada cada uno de mis sentidos. Me abracé a ella, como si temiera que me fuera arrebatada, como si temiera que ella también me abandonara. Y, día tras día, la sentía crecer en mi interior dándome forma, brindándome brillo en la mirada, regalándole calidez a mi sonrisa. Porque por fin sonreía. Y era una sonrisa de verdad, de esas que nacen en el alma, de esas que viajan hacia tus ojos, que también sonríen. Porque la sonrisa de verdad no se ve sólo en los labios, se ve en los ojos, que se iluminan de repente, aunque tus labios no sonrían.

Eres mi magia, mi sol en la mañana, mi más bonita casualidad y mi canción de madrugada.

jueves, 7 de junio de 2018

El origen del mal.



PRELUDIO.

La muerte está cerca. ¿La sientes? Está de camino y parece que ya llega. Puedo sentirla, puedo olerla. La bestia ha despertado de su sigiloso letargo.

Aquella sombra que hablaba en susurros mientras salía de un hondo agujero cavado en la húmeda tierra, dirigiéndose hacia la impenetrable oscuridad de la noche, escuchaba atenta, como si realmente estuviera prestando atención a la llegada de la parca. Como si realmente pudiera sentirla.
Se agachó en el suelo frente a una enorme caja que contempló durante segundos, cerciorándose de que todo estaba en orden en su interior. Tomó las manos de la joven y las cruzó sobre su pecho, con sumo cuidado, como si el cuerpo ya estuviera muerto.
Cerró sus párpados, cuyos ojos segundos antes aparecían desorbitados en sus cuencas y continuó con su tétrica función, depositando la caja en el hoyo, una vez cerrada a martillazos. Mientras que con una pala tiraba arena encima de la tierra recién cavada, seguía hablando en aquella voz fría de pesadilla, carente de emociones, plagada de locura.

Shhhh, ya llega. Pronto habrá culminado todo. Tendrías que verte, pareces una bella princesa, la princesa de la muerte. Tú la bella, y yo la bestia.







SOMBRAS EN LA NOCHE

Era de noche, pero no solo en el anochecer residía lo oscuro, pues la oscuridad también se alojaba en cualquier resquicio posible de allanar. Se encontraba en cada sombrío rincón, en cada etéreo sonido, en cada tétrico silencio, envolviéndolos en su manto de infinita opacidad.
También habitaba en las almas que descansaban eternamente en aquel siniestro lugar. Un lugar donde, a veces, el silencio de la muerte inundaba todo lo demás.
El paisaje nocturno que se cernía sobre el emplazamiento, no era demasiado alentador. La luz de la luna era inexistente y las estrellas parecían haber desaparecido en la inmensidad de su hogar, o tal vez quedaban cubiertas por la densa niebla que paseaba por el mundo aquella noche.
La oscuridad era tan lóbrega como las entrañas de un bosque en penumbra, tan sombría como una lucha sin luna y tan negra como el aura de un demonio. Tan tangible era, y tan opaca.
Aquel hombre llamado Fausto, conocido también como “El guardián de los muertos”, atraído irremediablemente por una resonancia inverosímil, abrió la puerta de la cabaña donde vivía desde hacía más de veinte años, con aquella expresión singular dibujada sobre su rostro extrañado, cuyas cejas aparecían arqueadas y prestando atención a cualquier sonido que le resultase desconocido.
El viento azotaba con la fuerza de un látigo allá donde osaba llegar y la música que producía en su incesante movimiento era casi ensordecedora; su brisa se colaba por cualquier resquicio que pudiera hallar, provocando aquel molesto chirrido. Soplaba en todas direcciones colándose también entre las ramas de los árboles, meciéndolas en aquel extraño e hipnótico baile. Las hojas caídas eran arrastradas por la brisa, la gran verja negra de la entrada se balanceaba, vibrante, y las flores depositadas sobre las tumbas oscilaban, frenéticas, al ritmo del viento huracanado.
Hacía demasiado frío y, a sabiendas de que había algo que le inquietaba, volvió sus pasos atrás como si nada le hubiera interrumpido. Pero de pronto lo oyó de nuevo y, temeroso, se acercó al cristal empañado por el frío. Era imposible ver nada, así que, con su propio hálito, deshizo el vaho ayudándose con la mano, intentando otear a través de aquel hueco recién creado, contemplando el oscuro paisaje que le rodeaba, escrutando a su alrededor y sabiendo que algo estaba fuera de lugar, algo que no encajaba en el esquema. Había algo extraño e inquietante flotando en el ambiente.
Abrió el ventanal, lo suficiente para asomar la cabeza y agudizó el oído, atento, adentrándose en los sonidos de la noche.
La música producida por aquellos elementos parecía un augurio, un mal presagio. Siguió prestando atención entre aquella tétrica melodía inarmónica, en aquella postura inmóvil, con la cabeza ladeada como si así pudiera escuchar mejor. Sabía que algo estaba mal pero desconocía de qué se trataba.
Era como escuchar una canción y sentir que una de sus notas se había infiltrado entre el resto, pues no formaba parte de la partitura. O como si un músico tocase su canción y una de sus notas estuviera desafinada. Eso era precisamente lo que él buscaba: aquella hilarante nota infiltrada en aquella melodía siniestra. Pero seguía sin encontrarla, sin poder aislarla del resto. Tal vez, debería esperar a que se produjera de nuevo. Así que desistió en su búsqueda infructuosa, cerró con fuerza el ventanal luchando contra la potencia del viento y dirigió sus pasos hacia el sillón donde momentos antes de su interrupción, se encontraba leyendo un grueso libro. Fue dejándose llevar por las palabras, sucumbiendo poco a poco ante la inminente llegada de Morfeo.
Pero, cuando menos lo esperaba, sintió un sonido muy cerca de él, tan cercano que parecía provenir de la misma estancia. Se sentía inquieto, observado. El grueso libro que descansaba abierto entre sus manos, se cerró con un golpe seco ante sus narices y sin ningún movimiento por su parte. Soltó el libro como si éste estuviera quemando y cayó al suelo con un fuerte golpe. Debido al impacto, se había levantado bruscamente, como si estuviera a punto de huir de allí. Pero no iba a hacerlo, aquel era su hogar, su territorio.
El fuego de la chimenea parpadeó, varias chispas brotaron de la leña en el aire, como si alguien hubiera soplado sobre las llamas, hasta que sin previo aviso se extinguió, dejándolo sumido en la más densa oscuridad. Era como si algo o alguien no tuviera intención de dejarle dormir. Como si intentase mantenerle despierto, alerta. Incluso su gato parecía estar nervioso ante algo que sentía gracias a sus sentidos desarrollados.
«Algo no anda bien», se repetía una y otra vez en su fuero interno.
Y, como si fuera una confirmación a su pensamiento, segundos después, el farol que pendía de la puerta de su cabaña, se apagó, dejándole más si cabe en medio de las tinieblas. A tientas, buscó el candelabro que tenía para aquellas ocasiones, se atavió con una gruesa chaqueta y se dispuso a salir, en compañía del felino y de una valentía inesperada.
De pronto, se encontró en el umbral de la puerta sin saber muy bien qué hacer o hacia dónde dirigir sus pasos. Anduvo en silencio y sigiloso, como si él mismo también fuera un felino, oteando todo lo que podía y agudizando sus sentidos al máximo. La densa niebla y el sonido del aire, le impedían realizar su objetivo, pero siguió andando en busca del misterio, a la caza de la nota no escrita.
Algo le azotó interiormente de pronto. La sensación de que alguien le estaba observando en la distancia, como observa y espera, paciente, el depredador a su próxima presa.
Las luces de los faroles que alumbraban el camposanto, parpadeaban de manera intermitente. Aquel panorama no le gustaba en absoluto. Hacía que su cuerpo padeciera escalofríos ante la tétrica visión que contemplaba.
Presintió que había algo tras de sí y se volteó con el pavor dominando su cuerpo. Pero no había nada, al menos nada que él pudiera ver. Siguió vagando sin rumbo fijo de un lugar a otro, como si fuera una perdida hoja de otoño que deambula mecida y dejándose transportar por el cambiante viento.
Un nuevo sonido arrastrado por la brisa llegó hasta sus oídos, era una especie de grito o de rugido que no parecía ser producido por un ser humano. Asustado, petrificado por el terror que inundó su cuerpo al escuchar semejante lamento gutural, quedó paralizado en el lugar sin saber si huir de allí, gritar o acudir al lugar de dónde provenía.
Un fuerte golpe en la cabeza seguido de la oscuridad le impidió decidir nada más.

Unos agónicos minutos después, abrió los ojos poco a poco, sintiéndose entumecido por el golpe. Aquel sonido infernal había cesado.
Sintió una gélida brisa recorriendo su cuerpo, humedeciéndolo en aquel anormal frío. Un frío glaciar que no sólo se encontraba helando cada parte de su cuerpo, sino que también estaba instalado en lo más hondo de él.
Un nuevo escalofrío le recorrió enteramente haciendo que su piel quedase erizada. Un muy leve sonido resultó perceptible para sus oídos: nuevamente aquella chirriante nota inhumana que parecía provenir del inframundo.
Aún en tensión, contempló la verja de entrada, a sabiendas de que estaba cerrada a cal y canto. No había nada. Miró hacia el lugar de donde creyó que provenía aquel inarmónico murmullo pero algo apareció de pronto en el campo de su visión y quedó helado, incrédulo y aterrado ante la aparición que sus ojos estaban contemplando: entre las tumbas parecía escapar el atisbo de una sombra, suave, etérea como un suspiro. Como si alguien quisiera abandonar el camposanto y se dispusiera a continuar con su camino.
Otro sonido se hizo eco en la noche, sumándose a aquella melodía desencadena: era el palpitar de un corazón desbocado ante el desconcierto y el miedo a lo desconocido.